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La Coctelera

benedicto xvi papa democratico

Benedicto XVI, el Papa Democrático

Por Jubenal Quispe
Columnista
Mayo 16, 2007, 10:29 EDT

Cochabamba, Bolivia --

¡Hipócrita!, saca primero el tronco de tu propio ojo, y entonces podrás ver la paja que tiene tu hermano en el suyo (Mt. 7:5). Esta es la reprimenda que Jesucristo le haría a Benedicto XVI después de su discurso en Brasil.

Mientras el Papa hablaba de autoritarismos todavía no superados, refiriéndose a gobierno civiles, mi mente se fue inundando de los dolorosos recuerdos del autoritarismo católico. ¡Cómo duele la violencia eclesial que soportan los católicos del Sur Andino del Perú, fruto de la imposición y de la prepotencia de los obispos del Opus Dei, Soladicius ! ¡Cómo olvidar el pasado y el presente del Cardenal Luis Cipriani, cómplice de la dictadura fujimontesinista, quien celebraba su misa en el Departamento de Ayacucho –Perú, acolitada por militares bien armados! Y ¿quiénes pastorearon el Plan Cóndor, cuyo costo humano todavía lloramos los sobrevivientes de América Latina?

Si explicitáramos el padecimiento de las mujeres y varones bajo el régimen del Vaticano, sólo sería un intento, porque no habría dedos que lo soporten, ni ojos que lo alcancen a leer completamente.

En la actualidad, de los cerca de 200 estados que coexisten en el planeta, 160 son estados democráticos, el resto está sometido a los tiranos o absolutistas medievales. Por su esencia cristiana, el Estado del Vaticano debería regirse con un sistema democrático y fraterno, pero no es así. El Estado del Vaticano, concesión de Mussolini (1929, Tratado de Letrán), jamás conoció un régimen democrático. Y, entonces, ¿con qué autoridad el Papa Benedicto XVI, jefe del Estado Vaticano, nos puede enseñar sobre democracia? El régimen democrático para la elección de los obispos es un clamor católico antiguo. Basta revisar los escritos de San Cipriano, S. III y IV (Padre de la Iglesia, víctima de la tiranía romana). ¿Por qué será que el Papa guarda silencio sobre la tiranía norteamericana en América y el mundo?

Otra “verdad” proclamada por Benedicto XVI en Brasil, aparte de atacar a las otras expresiones eclesiales como “sectas”, fue que a los originarios de Aby Ayala no se les impuso la religión católica. Esta afirmación es como intentar negar la historicidad de la conquista y de la colonización de América Latina y África. Hoy, es una insensibilidad con el dolor colectivo de los pueblos indígenas, fruto de la extirpación y aniquilación de su espiritualidad. Parece que para Benedicto XVI, Bartolomé de las Casas y Francisco Montesinos, profetas defensores de los pueblos originarios frente a los conquistadores cristianos, nunca existieron.

Cuál de las dos actitudes será cierta: El perdón que pidió Juan Pablo II a los pueblos originarios por las atrocidades de la conquista española cristiana, con motivo de los 500 años de la conquista, o la negación de la violenta conquista cristiana que sostiene Benedicto XVI.

Muchos teólogos cristianos y misionólogos creemos que el cristianismo en el tercer milenio tendrá que ser más humilde, democrática, ecuménica e interreligiosa, o no será nada, pero Su Santidad no nos da muchas esperanzas. Estos tiempos ya son otros. La guerra frontal contra el condón o la santa cruzada por la virginidad no son esenciales ahora que la Madre Tierra está herida de muerte por los ecosidios y fundamentalismos.

Ratzinger aparecida 12 05 2007 jose cobos ruiz adana

Ratzinger en aparecida

12/05/2007 JOSE Cobos Ruiz de Adana

Durante estos días, Ratzinger gira una visita papal a Aparecida (Brasil) con la finalidad de marcar la política de la Iglesia en aquellos países americanos. A la V Conferencia Episcopal Latinoamericana tal vez le conviniera puntualizar algunas cuestiones. La primera, lo preocupados que deben de estar los purpurados del Vaticano ante la situación que se vive en el subcontinente, donde asisten a una pérdida de credibilidad y abandono de sus filas por su centralización y estructura jerarquizada. Son muchos los problemas que la acompañan y, entre ellos, la violencia existente, el problema del narcotráfico, el desempleo de sus gentes, la aparición de otras religiones evangélicas o el déficit democrático en algunas zonas del área. Son obtáculos que, a juicio de Tarsicio Bertone , el secretario de Estado Vaticano, asustan y que tienen su origen en las "desigualdades sociales". De ahí que la Iglesia venga a proponer ahora "una revolución de la igualdad, de la justicia y de la paz". Bellas palabras las del purpurado, pero difíciles de llevar a cabo mientras no tengan como meta la opción por los pobres, a los que deberían de ubicar no como elucubración teórica, sino concreta en acciones más evangélicas. De una vez por todas, sería necesario que el poder eclesial condenara el modelo económico neoliberal allí vigente, que oprime al débil y aplasta, hasta crucificar a millones de personas en una existencia injusta. Ese pecado no lo debería olvidar la Iglesia, ni tampoco callarlo por más tiempo, ya que poco o nada tiene que ver con el mensaje de Jesús . La jerarquía debería condenar de igual modo la economía de mercado, tan nefasta para los pobres. Así, daría un espaldarazo a los movimientos de liberación, que ponen su esperanza en la fe del Señor, y que tanto hacen por transformar las estructuras. Entre ellos, la llamada Teología de la Liberación, para algunos más que desaparecida, pero que continúa viva en comunidades y textos. Lo han vuelto a manifestar Pedro Casaldáliga , arzobispo emérito de Sao Felix de Araguaia, el ex franciscano Leonardo Boff o el secretario del Foro Mundial de Teología y Liberación, el fraile capuchino Luiz Carlos Susín . Para Casaldáliga la opción de la Iglesia por los más desfavorecidos no puede perder vigencia en una Latinoamérica en la que hay 205 millones de pobres. Estos teólogos no hicieron otra cosa que leer los evangelios con limpieza de corazón desde el sufrimiento de los pobres. Nada más. Por ello, el Vaticano tal vez sea consciente de que perdió la batalla hace tiempo, al no conseguir frenarlos por sus decretos y documentos de los años 1984 y 1986. Como bien afirma Boff, la Teología liberadora nació escuchando el grito de los oprimidos y ya se convirtió en clamor. Hoy ese planteamiento, que antaño combatiera con dureza el cardenal Ratzinger, se viene renovando con otros matices nuevos, habiéndose acercado, entre otras, a las causas de los negros, del indio y a la de las mujeres. De ahí su implantación en Africa, en la India o en China. No cabe duda de que a Roma le asiste una experiencia de siglos, pero siempre llega tarde a todo, de suerte que jamás viaja en el tren de la Historia. Por ello, ahora y aprovechando esta reunión de la Celam, podría tratarse de un buen momento para que se volviera a abrir un debate riguroso con tan creíbles planteamientos teológicos, que tanto aportaron en la pasada centuria. Si bien hay quien cree que ello no será posible y que el Papa Benedicto XVI, volverá a ratificarse en sus viejas posiciones de condena. Con la supuesta descalificación oficial la opción de la Iglesia por los pobres dejaría de ser creíble por perder parte de su fundamento. Además no debiera olvidarse que tanto el Dios Bíblico como Jesús optaron por aquellos, dando un perfil inequívocamente vinculado a las causas de los desfavorecidos. Parece claro que el Tercer Mundo no necesita convertirse a nada, y que sólo le falta profundizar en su dignidad, mientras dispone de salud, agua, pan y cultura y denuncia las desigualdades entre pueblos y clases sociales. Recuerdo ahora unas palabras de quien es obispo emérito de Palencia, Nicolás Castellanos , que marchó al jubilarse de su diócesis a América, para entregarse a los más desfavorecidos, en las que manifestaba que el problema de la Humanidad no era otro sino la pobreza. Ella tendría que ser la opción normal para nosotros, el estar junto a los menesterosos y así poder vivir su existencia. Porque, de darse la vida Eterna, habría que empezarla aquí, no pudiendo coexistir aquella si no la vivimos con la misma dignidad humana. Pablo VI llegó a afirmar que la esencia de toda evangelización no era otra sino la promoción integral del hombre por su dignidad. Eso es lo que todavía quieren llevar a cabo los denostados teólogos de la liberación. Nada de óbito al movimiento, como le gustaría al arzobispo de Sao Paulo, Odilio Scherer , anfitrión de la visita Papal, sino salud para aquel y larga vida. La mejor prueba de la desorientación evangélica de la cúspide eclesial fue la condena de la citada teología durante años, y su sustitución por otra más conservadora. Parece como si la jerarquía no hubiera podido tolerar el mensaje de Jesús, encarnado en la realidad latinoamericana. Por ello, quisieron extirparla, como si de un cáncer se tratara, mientras al mismo tiempo colaboraban activamente con las dictaduras militares del Cono Sur y del Caribe, estableciendo alianzas con los poderosos, tanto en lo político como en lo económico.
* Catedrático

viaje del papa brasil comunicado del movimiento

VIAJE DEL PAPA A BRASIL - COMUNICADO DEL MOVIMIENTO INTERNACIONAL SOMOS IGLESIA

El Movimiento Internacional Somos Iglesia espera que el Papa Benedicto, si realmente quiere ser buen pastor para su rebaño, vaya con ojos abiertos, oídos atentos y corazón abierto a Aparecida, donde inaugurará la Conferencia General de Obispos de Latino América (CELAM) el domingo.

Su viaje a Brasil – aún el país con más población católica del mundo – será una garantía para el futuro del Catolicismo en ese continente, el hogar de casi la mitad de los mil millones de católicos que hay en el mundo. Es también una prueba para las habilidades pastorales de este eurocéntrico profesor de teología. ¿Podrá reconocer humildemente los “signos de los tiempos” y “los signos de esos lugares”?
1.En línea con su primera encíclica, “Deus Caritas est”, él podría y debería animar a los cristianos a comprometerse en la justicia social y en la paz verdadera. América Latina es un continente polarizado, profundamente afectado por el Capitalismo y el Neo – liberalismo, que tienen efectos muy negativos en la vida de los pobres.
2.Podría y debería unificar la cuestión de la fe con la justicia social, como hizo durante su vida académica con la cuestión de la fe y la razón. La unión entre evangelización y liberación, entre la fe y la vida, forma parte de la tradición de la Iglesia de América Latina y el Caribe.
3.Ante la situación de enorme desigualdad entre ricos y pobres en América Latina, el Papa podría y debería animar a los obispos en Aparecida a llevar a la práctica el mensaje de los importantes encuentros anteriores de Medellín (1968) y Puebla (1979). Debe mostrar el camino para hacer realidad la frase del Papa Juan XXIII “ La Iglesia es de todos, pero especialmente es de los pobres.”
4.Podría y debería reconciliarse con la teología de la liberación, enriquecida ahora con dimensiones teológicas más contemporáneas (feminista, ecologista, negra,…). La teología de la liberación está reconocida como un ingrediente principal en el desarrollo de los movimientos y comunidades de base durante las últimas décadas.
5.Podría y debería establecer una comisión para trabajar sobre las razones históricas que dieron lugar a la teología de la liberación. La comisión podría llevar el nombre de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, ya declarado santo por el pueblo latinoamericano a favor del reconocimiento oficial.
6.Podría y debería mostrar agradecimento y reconocimiento a todos los hombres y mujeres laicos de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBS) que han transmitido la fe en tiempos de prueba y han mantenido vivas las comunidades en las parroquias en momentos de gran escasez de presbíteros.
7.Podría y debería animar al desarrollo de una nueva espiritualidad integradora, para la preservación de la Naturaleza y de la vida humana, para hacer posible la vida de las generaciones futuras en un continente especialmente afectado por el cambio global.
8.Podría y debería admitir la diversidad que existe dentro de la Iglesia Católica Romana y animar a los hombres y mujeres de América Latina a ejercer un papel de pleno derecho en la expresión de su fe.
9.Podría y debería insistir en la importancia de las enseñanzas del Concilio Vaticano II que favorecen que la Iglesia sea la comunidad del Pueblo de Dios. Esta comunidad debe estar abierta al diálogo ecuménico e inter – religioso con las personas de otras creencias.

leonardo boff el papa sera incapaz frenar sangria

LEONARDO BOFF : “EL PAPA SERÁ INCAPAZ DE FRENAR LA SANGRÍA”

Religión Digital
Leonardo Boff21.jpgEl Papa Benedicto XVI será incapaz de frenar la actual “sangría” de católicos hacia otras religiones en Latinoamérica mientras no se muestre dispuesto a impulsar cambios en la Iglesia, afirmó el teólogo y ex fraile franciscano Leonardo Boff.
“Por las manifestaciones ya anunciadas y por las restricciones hechas en el último documento Sacramento de Caridad, no hay esperanza de que el Papa consiga frenar la sangría”, dijo en entrevista con Efe el ex sacerdote brasileño, uno de los más emblemáticos representantes de la llamada Teología de la Liberación.
Uno de los principales objetivos de la visita que Benedicto XVI realizará a Brasil a partir del 9 de mayo es demostrar el interés del Vaticano en Latinoamérica, en momentos en que la Iglesia pierde importante espacio en el “continente de la esperanza”.
Según cifras oficiales, Brasil sigue siendo el país con mayor número de católicos en el mundo (unos 125 millones según el censo de 2000), pero el porcentaje de católicos en la población cayó del 83,3 por ciento en 1991 al 73,8 por ciento en 2000, y el de evangélicos saltó del 9,1 por ciento al 15,5 por ciento en el mismo período.
“La principal responsable (por esa fuga) es la propia Iglesia, que es muy centralizadora y jerarquizada; margina a las mujeres y subestima a los laicos”, según Boff.
“Como no estimula -por el contrario combate- las innovaciones en las formas de manifestar la fe, la Iglesia se queda cada vez más fosilizada”, agregó el teólogo, para quien la Iglesia necesita asumir “elementos de nuestra cultura negra, indígena y popular”.
De acuerdo con el sacerdote, los fieles ya no sienten más la Iglesia Católica como su hogar espiritual y salen en busca de aquellas iglesias que hablan su lengua y se hacen comprender.
Boff citó como ejemplo el documento Sacramento de Caridad divulgado por Benedicto XVI, que incluye instrucciones “ridículas”, como restringir el abrazo de paz durante la misa a una demostración con el vecino, sin alarde y muy formal.
“Eso contradice la mentalidad del pueblo brasileño al que le gusta abrazar. Los padres bajan del altar para abrazar al pueblo. Una Iglesia que baja hasta estas cosas pequeñas deja de ser seria”, afirmó.
Boff considera que la Iglesia tiene que hacer uso de los medios de comunicación para dialogar con los fieles y frenar su fuga, pero desaprueba la actitud de sacerdotes carismáticos que se han convertido en verdaderos fenómenos mediáticos.
“La Iglesia debe entrar en todos los espacios como cualquier gran institución. Pero lo que ocurrió fue que la Iglesia Católica aceptó la lógica del mercado y entonces surgió un tipo de sacerdote mediático que hace verdaderos espectáculos como si estuviese en algún programa de animación popular”, afirmó.
“La superficialidad es grande. Es la inflación de la emoción para ganar la guerra del mercado religioso disputado por otras iglesias mediáticas que usan los mismos métodos”, aseguró.
El teólogo desea que el mensaje que transmitirá el Papa en su visita a Brasil refuerce la línea ya asumida por el episcopado brasileño, que articula la evangelización con la justicia social.
“Espero que sea un mensaje de apoyo a la lucha por los derechos de los pobres y que favorezca la participación de los laicos en la vida de la Iglesia, pues esa carencia hace con que muchos emigren y busquen otras denominaciones”, afirmó.
En ese sentido dijo esperar que la conferencia que el episcopado latinoamericano (Celam) celebrará en la ciudad brasileña de Aparecida y que será abierta por el Papa mantenga la línea histórica.
“Hay una continuidad doctrinaria en la historia de las reuniones de los obispos del continente. En Medellín (1968) se introdujo la temática de la liberación, en Puebla (1979) la opción preferencial por los pobres y en Santo Domingo (1992) la adaptación del cristianismo a las culturas oprimidas. Aparecida no necesita agregar nada nuevo, apenas ratificar lo ya decidido”, afirmó.
Sobre el Papa Benedicto XVI, aseguró que, pese a que ahora es el responsable por toda la Iglesia, no ha mostrado ser diferente del cardenal Ratzinger que era responsable de cuidar la doctrina.
“Hasta ahora no ha dado señales de un proyecto más abierto de Iglesia ni de buscar caminos diferentes a aquellos ya recorridos por Juan Pablo II y que él ayudó a formular. Él es el nítido Papa de transición. Por eso no innova en nada”, afirmó.

Ratzinger "Resucita el infierno"

* Contrario a lo dicho por Juan Pablo II en 1999, Benedicto XVI sostiene que el averno, del que se habla poco en este tiempo, existe y es eterno
* De paso trae a la vida al Diablo, al que su antecesor había dado por vencido, y Galileo temblaría si estuviera vivo

JUAN G. BEDOYA

Un lugar sin tormento ni gloria. El castigo consistía en vivir en una tercera clase de cavidad.

Madrid / EL PAÍS
La llamada de Benedicto XVI a la lucha ideológica contra el pluralismo moral y la modernidad incluye reponer el Infierno, con mayúsculas. “El Infierno, del que se habla poco en este tiempo, existe y es eterno”, ha dicho el Pontífice romano. El papa Ratzinger, a punto de cumplir dos años en el cargo, acudió a la Iglesia Santa Felicidad e Hijos Mártires en Roma para predicar como un párroco preconciliar.

“Nuestro verdadero enemigo es unirse al pecado que puede llevarnos a la quiebra de nuestra existencia”, dijo en la homilía. Antes había dibujado la figura de un Dios “de justicia”, y, por tanto, castigador.

En su llamada a la intolerancia con el relativismo y la laicidad, Benedicto XVI ha decidido poner sobre la mesa las armas del catolicismo clásico. El Papa alemán cree que la vida cristiana occidental es “una viña devastada por jabalíes”. Para hacer frente a la crisis la fuerza de la Iglesia no está en el diálogo ni en la tolerancia, sino en la vuelta a los orígenes

Pide activismo a políticos católicos

El Papa exige activismo, no sólo a sus prelados (unos 5,000 en todo el mundo, entre obispos, arzobispos y cardenales); también a los fieles creyentes, y, más que a nadie, a los políticos que se llaman católicos. Las tesis sobre cómo recuperar el protagonismo perdido la expuso Benedicto XVI el pasado 13 de marzo, en una Exhortación pastoral perfilada durante año y medio. Fue el primer sínodo del pontificado Ratzinger.

En presencia de cardenales, arzobispos y obispos de todo el mundo, el Papa, presidente durante décadas de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la antigua inquisición romana, retó a los reunidos a llegar al meollo de la crisis del cristianismo para que Dios, un “proscrito en Europa”, según Benedicto XVI, vuelva a figurar en la agenda de una sociedad de bautizados que ya no hace caso a la religión.

La proclamación de que “el infierno existe y es eterno” es la continuación de esa estrategia papal. Lo curioso es que su antecesor, el polaco Juan Pablo II, muerto hace dos años, corrigió a fondo y en la dirección contraria el concepto tradicional del catolicismo sobre el infierno

Para Juan Pablo II el Diablo está vencido

Lo hizo en el verano de 1999, en cuatro audiencias consecutivas, cada una dedicada a desmontar la credulidad popular sobre el cielo, el purgatorio, el infierno e, incluso, el diablo. “El Cielo”, dijo entonces el pontífice polaco, no es “un lugar físico entre las nubes”. El Infierno tampoco es “un lugar”, sino “la situación de quien se aparta de Dios”. El Purgatorio es un estado provisional de “purificación” que nada tiene que ver con ubicaciones terrenales. Y Satanás “está vencido: Jesús nos ha liberado de su temor”.

La homilía sobre el Infierno la pronunció el papa Juan Pablo II en la audiencia del miércoles 28 de julio de 1999. Dijo: “Las imágenes de la Biblia deben ser rectamente interpretadas. Más que un lugar, el Infierno es una situación de quien se aparta del modo libre y definitivo de Dios”. ¿Por qué el Papa polaco revisó entonces la doctrina oficial sobre el Más Allá? La primera respuesta tenía que ver con “el acoso de la ciencia”, en palabras de los teólogos. Roma no quería repetir la amarga historia de Galileo.

La segunda razón tenía que ver con las estadísticas: el 60% de los romanos católicos cree en Cristo, pero no en el Infierno ni en el Paraíso. Por último, aquel Papa cumplía una obligación conciliar, retrasada mucho más de lo prudente. La Iglesia vive en su tiempo, y ha de poner al día la interpretación que en el pasado se hizo de los textos sagrados. Se trata del aggiornamento, la palabra preferida de los papas Juan XXIII y Pablo VI, impulsores del revolucionario Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965.

La decisión de Benedicto XVI de volver a poner sobre la mesa, sin matices, la idea del infierno eterno choca con ese pasado reciente. No es su primera vuelta al pasado. También ha autorizado las misas en latín con el oficiante de espaldas a los feligreses, por citar un solo ejemplo.

Lo curioso es que hace menos de un año, el 6 de octubre de 2006, este Papa mantenía el timón de Juan Pablo II haciendo público el documento de los expertos sobre la inexistencia del limbo, otra de las piezas señeras del Más Allá católico. Según los catecismos clásicos, el limbo de los niños era el lugar al que iban a parar quienes morían sin uso de razón y sin haber sido bautizados.

Un lugar sin tormento ni gloria. El castigo consistía en vivir en una tercera clase de cavidad distinta del Cielo y del Infierno, en el que las almas cándidas, además de estar privadas de gloria, sufrirían la condenación de la ausencia de quienes habían tenido la fortuna de salvarse: padres, hermanos y demás familia. La doctrina tridentina incentivaba con tales argumentos el bautismo rápido de los recién nacidos

Limbo es de origen medieval

La doctrina que coloca en el limbo a los niños muertos sin haber cometido pecado, pero con la culpa del pecado original no lavada por el bautismo, es de origen medieval y poco relevante entre los teólogos modernos a no ser porque se hermana con la idea, también arrumbada por el Vaticano II, de que fuera de la Iglesia romana no había salvación.

La decisión de cerrar el limbo la impulsó el Papa polaco encargando el asunto a una Comisión Teológica Internacional liderada por el hoy papa Ratzinger. La encomienda tenía su relevancia porque no era sólo liquidar la idea de Cielo o de Infierno como lugares concretos en el firmamento, sino un repaso en toda regla a las tesis clásicas sobre el pecado original.

Desde San Agustín al Vaticano II, la Iglesia de Roma había sostenido la visión clásica del hombre en pecado desde que Eva y la serpiente liaron a Adán para comerse juntos una manzana. La escatología cristiana posterior al Vaticano II, sostiene que el famoso obispo de Hipona, al extender a todos los hombres la culpa por aquel pecado original --sucedido en un lugar llamado Paraíso, que la ciencia tampoco pudo encontrar--, lo que hizo fue una mala traducción de una de las epístolas de san Pablo, la Carta a los romanos, capítulo 5, versículo 12.

SIGUE VIVA LA TEOLOGIA DE LA LIBERACIÓN

MONSEÑOR CASALDÁLIGA Y LEONARDO BOFF LA RECLAMAN. “SIGUE VIVA LA LIBERACIÓN”

Religión Digital
La Teología de la Liberación, que el cardenal Joseph Ratzinger combatió antes de ser elegido Papa, continúa viva, como siguen vigentes las desigualdades en América Latina que la generaron, según representantes de esta corriente.
La vigencia de la teología con inspiración marxista que puso a los pobres como prioridad de la Iglesia en Latinoamérica fue destacada en declaraciones a Efe por dos de sus más emblemáticos representantes: el arzobispo emérito de Sao Felix do Araguaia, el español Pedro Casaldáliga, y el ex fraile franciscano Leonardo Boff.
Para el actual secretario general del Foro Mundial de Teología y Liberación, el fraile capuchino Luiz Carlos Susin, la Teología de la Liberación no solo sigue viva sino que también se extendió a Africa y Asia.
Esta corriente, adoptada por sacerdotes de toda Latinoamérica, tuvo su auge en la década de 1970, especialmente en países con graves problemas de pobreza o en que los ‘oprimidos’ sufrían dictaduras o guerras civiles.
El Vaticano, preocupado por la inspiración marxista del movimiento, lo combatió severamente desde la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la que era prefecto el entonces cardenal Ratzinger, que ahora visitará un Brasil en el que supuestamente la Teología perdió su poder.
‘Como todos los movimientos, (la Teología) tuvo un momento de nacer, de crecer, de decaer y de desaparecer’, afirmó recientemente el arzobispo de Sao Paulo, Odilio Scherer, el anfitrión en la visita que el Papa realizará a Brasil entre el 9 y el 13 de mayo, al dar su certificado de óbito para el movimiento.
‘Creo firmemente que la Teología de la Liberación continúa viva en muchas cabezas, en muchos textos, en muchas comunidades’, refuta Casaldáliga, para quien la opción de la Iglesia por los pobres no puede perder vigencia en una Latinoamérica en la que aún hay 205 millones de pobres.
‘El propio Vaticano sabe que perdió la batalla. Los dos documentos de 1984 y 1986 no frenaron el movimiento. El nació escuchando el grito del oprimido y hoy ese grito se convirtió en clamor’, agregó Boff.
‘Tengo la convicción de que la Teología se está renovando con matices nuevos. Ahora, además de los pobres, la Iglesia también asumió la causa del negro, del indio, de la mujer’, dice Casaldáliga.
Susin coincide en que la Teología se ramificó y no sólo para atender sectores como mujeres, indios, negros y campesinos, sino también hacia China, India y Africa. ‘La Teología ganó enfoques especiales, que dialogan entre sí’, afirmó.
Para Casaldáliga, que optó por permanecer en la Amazonía para estar cerca a los pobres pese a haber sido jubilado por edad, la Teología podrá ganar un nuevo impulso en la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam) que el Papa Benedicto XVI abrirá en la ciudad brasileña de Aparecida el 13 de mayo próximo.
‘La reciente notificación del Vaticano a Jon Sobrino y la preparación de la Celam pusieron a la Teología de nuevo en primera página. Es posible que avancemos (en Aparecida) y afirmemos nuevamente, con toda claridad, con toda convicción y ateniéndonos a todas las consecuencias, la Teología de la Liberación’, aseguró.
Sobrino, un jesuita español que vive hace décadas en El Salvador y que, con sus textos sobre un Jesucristo histórico y humano, se ha convertido en uno de los principales teólogos de la Liberación, recibió recientemente una advertencia del Vaticano.
Sin embargo, a diferencia de la época en que era comandada por el entonces cardenal Ratzinger, en esta oportunidad la Congregación para la Doctrina no incluyó en su advertencia a Sobrino alguna sanción, como la prohibición de dar clases o de escribir libros.
‘La notificación tiene observaciones, pero no prohíbe nada.
Estamos interpretando eso de la mejor forma posible, hasta como una invitación al diálogo’, afirmó Susin.
‘Tenemos una expectativa de que pueda haber un debate y parece que el Papa ya manifestó en dos o tres ocasiones que es favorable a un debate teológico’, agregó.
Boff no piensa lo mismo. ‘Tememos que en Aparecida el Papa renueve sus advertencias a la Teología’, dijo.
‘Como cristianos siempre respetaremos la figura del Papa. Pero este Papa condenó a más de cien teólogos y escribió textos duros, casi fundamentalistas, sobre las iglesias y las religiones, y cercenó las conferencias episcopales progresistas. Por eso es difícil amarlo’, agregó.

TOMAD Y COMED


“TOMAD, COMED Y VIVID EL AMOR” (FOLLETO DE JESÚS BURGALETA EN ALANDAR). Resumen de Manuel González

Somos Iglesia de Andalucía
tomadcomedCon este título hace ya 10 años Jesús Burgaleta publicó en alandar un folleto que he podido escanear sobre la Eucaristía. En la primera parte nos describe cómo pudo ser la cena de Jesús, y cómo realmente está siendo en nuestros días. En la segunda parte comenta como debió de ser y cómo debieron entenderla las primeras comunidades cristinas. Me he permitido la libertad de quitar algunos párrafos, ya de épocas pasadas, que hoy pudieran resultarnos hirientes, y añadir otros con el fin de actualizar el texto.
1.- UNA CARA DE LA REALIDAD
Aquel atardecer Jerusalén se tiñó de sangre y de sombras. Había caído el sol. Solamente la brisa lejana traía esperanza. Jesús, el hijo de José y de María, lo veía todo muy negro. Albergaba serios temores sobre la seguridad de su vida. Eran demasiados los rumores que corrían sobre él. El cerco se había estrechado. Sus amigos le decían: Cuídate, Jesús, pon a salvo tu vida. En todas las comisarías se habían dado la orden de detenerlo. Por todo ello, hacía ya dos días que Jesús encargó a Mateo que avisara a todos para que acudieran a la celebración de una cena importante. Y así lo hizo.
Poco a poco fueron llegan todos. Eran 12. Los de confianza. La sala de la cena era espaciosa. Reinaba un ambiente acogedor, lleno de pena. Todos tenían miedo y cierta esperanza. Nadie podía quitarse de la cabeza un mal presentimiento.
Uno de los últimos en llegar fue Jesús de Nazaret. Todos se pusieron de pie. Los mandó sentar en torno a la mesa. Antes de comenzar la comida le acercó a Felipe un texto de Isaías, que éste leyó con una cierta entonación solemne. Finalizada la lectura rezaron un Salmo con antífona.
Y Jesús se puso a hablarles de este modo: “Estáis extrañados por lo que hago y tenéis razón. Pero, esta es mi última noche con vosotros y quiero dejaros una liturgia, para que, cuando yo falte, la repitáis de generación en generación. Lo que voy a hacer es un Sacramento, el Sacrificio que ofreceré a Dios por todos vosotros. Os lo digo con toda claridad: voy a morir crucificado en una cruz. Y esta muerte será el sacrificio agradable a Dios para redimiros. Mi sangre derramada será el precio para satisfacer a Dios por todos vuestros pecados.
Esta cena es un gesto profético, anticipativo de lo que va a ocurrir en la cruz. Y lo que vosotros celebraréis será la actualización de los méritos de mi muerte. Cuando celebréis en memoria mía la Misa haréis de nuevo el sacrificio que yo voy a realizar, pero lo haréis de una forma in cruenta. Por medio de él entraréis en comunión con Dios y conmigo mismo”.
Los discípulos se quedaron asombrados. No entendían el comportamiento de Jesús. Era tan extraño. El siguió diciendo: “Como tenéis la obligación de darle culto público a Dios, lo haréis ofreciéndole este «memorial», que desarrollaréis de un modo minucioso y estricto. Lo haréis así: os reuniréis todos los domingos, en conmemoración del día en que yo voy a resucitar. La reunión será obligatoria. Si, en el transcurrir de los tiempos y de las culturas, la cosa se pone mal, ceded un poco y permitid también celebrar misas los sábados por la tarde.
A esta liturgia del Sacramento del Sacrificio le llamaréis Misa. La realizaréis siempre vosotros o aquéllos que vosotros mediante el sacramento del orden iréis con el correr de los tiempos haciendo directos sucesores vuestros. Los llamaréis sacerdotes o presbíteros. Serán siempre varones, no podrán hacer uso del matrimonio, ni tener esposas. Nunca permitiréis la osadía de que las mujeres se acerquen al altar de Dios. Yo soy varón y el principio de la Salvación debe ser representada por varones.
La celebración se hará siempre en templos, lugares sagrados que iréis construyendo por el mundo entero. Estos edificios serán majestuosos, amplios, hechos con arte, misteriosos. Si, además, son inhóspitos e incómodos, no os preocupéis demasiado, porque así se verá mejor lo que realmente son, lugares sagrados. No se podrá en ellos ni hablar, ni reír juntos, ni dialogar, ni fumar, ni comer, ni beber, ni danzar de alegría, ni hacer bromas. Son la Casa de Dios y todo lo de Dios es serio. Debe destacar en ellos de modo especial el lugar destinado a los que presidan la Misa, a los que se les llamará ministros –representantes de Dios-, sacerdotes -personas sagradas-, o presbíteros -los pueden acceder al presbiterio-.
Ningún presbítero podrá hacer uso del matrimonio, ni tener relación alguna con mujeres. Serán célibes de por vida. Deberán vestirse de modo singular para que se visualice la clara distinción con el pueblo, el fiel rebaño al que tenéis la responsabilidad de enseñar todo lo que yo os he mandado, santificarlos con los demás sacramentos que os he encomendado, dirigirlos y gobernarlos como un buen pastor hace con sus ovejas. Vosotros seréis mis representantes y mis intermediarios con el mismo Dios. Lo que vosotros hagáis y lo que vosotros prohibáis o condenéis, quedará definitivamente mandado o prohibido por mí. Haced, además, que vuestra vestimenta distinga las diversas dignidades y grados entre vosotros. Los más honorables se adornarán la cabeza de un modo llamativo, se pondrán anillos, piedras preciosas, zapatillas de raso, sedas y tronos. ¡Sed más grandes que los grandes de la tierra! Dios es el Señor de todos ellos.
El desarrollo de la celebración deberá estar regulado, para que hagáis lo mismo que yo he hecho. Solamente se celebrará con los libros oficiales, realizados por peritos e impuestos a todas las Iglesias que se pueda. Cuando no tengáis más remedio, permitid traducir la liturgia a las lenguas que el pueblo entienda. No se os ocurra celebrar de cualquier manera, ni en cualquier sitio, ni vestidos de calle. Todo ha de ser singular, pues Dios es absolutamente otro y distinto y esta realidad debe ser expresada en vuestras liturgias. Para celebrar el sacrificio que inauguro en esta cena no usaréis pan normal, sino pan sin levadura, en forma de hostias muy delgadas. El pan será de trigo. Del mismo modo, la bebida ordeno que sea vino de uva. Sé que en algunos lugares no habrá viñas y que conseguir el vino será difícil y costoso. No importa; quiero que en la copa se vierta vino y unas gotas de agua. Es un capricho mío.
Estad muy atentos a aquéllos que quieren introducir cambios. De ellos no se puede esperar nada bueno. Si se pusieran tozudos recordadles con vigor que todo es inamovible, que es la ley eclesiástica o de derecho divino. ¡Cuidado con ellos, son la carcoma del edificio!
Procurad que sobre siempre un poco del pan consagrado en el Sacrificio. Lo guardaréis en un sagrario rico y seguro. Y lo pondréis en lugar visible, para darle culto. En el pan y el cáliz eucarísticos estaré yo realmente presente. Esto se realizará mediante la transubstanciación. Porque cuando digáis las palabras mágicas que yo os he encomendado, toda la sustancia del pan y del vino desaparecerán y en su lugar, aunque no lo podáis ver ni analizar, estará la sustancia de mi cuerpo y de mi sangre. Y así yo estaré personalmente en muchos sagrarios siempre entre vosotros para recibir vuestro culto y escuchar vuestras oraciones.
El memorial de mi Sacrificio tendrá un valor infinito, dado que es una repetición incruenta de mi sacrificio en la cruz. En él se actualizarán los méritos de mi muerte. Cada vez que lo ofrezcáis tributaréis a Dios una alabanza infinita, Interpelaréis su misericordia, expiaréis por vuestros pecados e intercederéis por los vivos y los difuntos. Por ello, cuantas más veces lo hagáis, mejor. Tened en cuenta de que el memorial de la Cruz tiene un valor en sí mismo, independientemente de lo que vive el ministro mí que lo ofrezca o el pueblo que asista a su celebración. Si podéis conseguirlo, realizad la celebración en lengua que solamente vosotros la entendáis, hacedlo de espalda al pueblo fiel, usád campanillas, velas, incensarios, cantos propios… Conseguiréis hacer aun más visible el misterio y la santidad de la Misa”.
Acabado el discurso, ante los ojos atónitos de todos, tomó el pan, dándole gracias a Dios; lo partió y lo repartió, diciendo: “Tomad y comed, ésto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros”. Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz y, dándole las gracias a Dios, lo pasó a sus discípulos diciendo: “Tomad y bebed todos, porque este es el cáliz de mi Sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía. Recordad siempre estas palabras, que son las que tenéis que decir siempre que os reunáis en mi nombre para celebrar el santo sacrificio”. Y continuó la cena.
Y desde entonces, en cientos de miles de templos del mundo, vacíos o llenos, con vivencia comunitaria o sin ella, en comunión o en descomunión, reconciliados o enfrentados, luchando. por la justicia o sosteniendo la injusticia del mundo, con conciencia de explotados o de explotadores, como salsa que adorna bodas, concentraciones, fiestas populares, inauguraciones de edificios, etc., se dicen Misas con la pretensión de seguir cumpliendo el mandato de Jesús en su cena de despedida.
2.- LA OTRA CARA DE LA REALIDAD
En el último atardecer de la vida de Jesús, Jerusalén se tiñó de azul. El Nazareno lo tenía todo previsto y se dispuso a celebrar la cena de despedida. Se despedía de la vida. Se sentaron en torno a la mesa unas 25 personas, todos aquellos varones y mujeres que le habían seguido de cerca. En la sala de reunión se respiraba una atmósfera de amor, confianza y tristeza. Y se pusieron a comer juntos. Como en toda comida judía, el pan les dio ocasión a Jesús para bendecir a Dios. Así lo narran las tradiciones: “El Señor Jesús, la noche en que iban a entregarlo, cogió un pan, dio gracias, lo partió y dijo: Esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros. Haced lo mismo en memoria mía”. Comieron todos del pan y compartieron la cena. Hablaron de algunas cosas. Se callaron otras, aquellas que se referían al futuro inmediato de Jesús. Al finalizar la Cena, Jesús tomó su propia copa y se puso a bendecir a Dios por todos los acontecimientos de su vida.
Los discípulos nunca habían escuchado una alabanza como aquella. Y de su misma copa les dio de beber a todos, mientras les decía: “Esta copa es la nueva alianza sellada con mi Sangre; cada vez que bebáis, haced lo mismo en memoria mía”.
Al día siguiente asesinaron a Jesús. Los discípulos se quedaron en blanco. El camino se desdibujó y comenzaron a separarse y a huir. Sin embargo, el Espíritu de Jesús seguía presente, vivo, incitante, ardía en ellos como una llama. Todas las noches amanecía en el corazón de los discípulos una luz llena de vida y amor. Nunca supieron bien cómo fue; pero el recuerdo actuante del mandato “haced esto en memoria mía” los fue reuniendo poco a poco.
Muy pronto comenzaron a hacer lo que tantas veces habían hecho con Jesús: sentarse a comer juntos. No era una novedad, era lo que siempre habían hecho. Se reunían en casas particulares. Alguien, mujer u hombre, preparaba y presidía el encuentro en un plano de igualdad. Nadie podía sentirse más importante o por encima de los demás. En las largas sobremesas el miedo y la esperanza fueron dialogando e intentando comprender aquello que Jesús les dijo en la última cena: “Haced esto en memoria mía.”
“¿Qué hizo Jesús?”, se preguntaban… Hacer el bien, estar atento a las necesidades de los demás, en especial de los que les había tocado pasarlo peor, rebelarse contra los que creaban opresión y ponían cargas pesadas. A esta conclusión llegó Pedro, después de darle muchas vueltas: pasó haciendo el bien, curando a los oprimidos, y predicando un modelo de sociedad alternativa radicalmente distinta a la que estaban viviendo. Encima de la mesa, junto al pan, el vino y demás alimento, tenían escritas aquellas palabras de Jesús: “No he venido a ser servido, sino a servir”.
Recordaban cómo Lucas había narrado el mismo relato de la cena: “Mientras cenaban surgió (entre los discípulos) una disputa sobre cuál de ellos debía ser considerado el más grande. Jesús les dijo: los reyes de las naciones las dominan y los que ejercen el poder se hacen llamar bienhechores. Pero vosotros, nada de eso; al contrario, el más grande de entre vosotros iguálese al más joven, y el que dirige al que sirve. Vamos a ver, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? El que está a la mesa, ¿verdad? Pues yo estoy entre vosotros como quien sirve”.
Los discípulos fueron descubriendo que Jesús, en la cena, celebró lo que había estado viviendo y lo que estaba dispuesto a vivir: su ser entregado. Fueron cayendo en la cuenta de que quien no entraba por la dinámica del servicio al hermano no tenía parte con Él. Las largas noches de las comunidades primitivas fueron el laboratorio de muchas historias sobre Jesús. Se contaban aquellas historias maravillosas en las que Jesús acogía a los marginados, violaba la ley de lo puro y de lo impuro, proclamando la dignidad de la persona por encima de toda prohibición ritual. Recordaban como comía con los leprosos, los paganos, los publícanos, los pecadores, las prostitutas, las adúlteras, los niños, las mujeres. Se contaban el enfrentamiento radical de Jesús con la estructura sacerdotal, con la influencia inmisericorde de los letrados, con el amargo poder de los fariseos y la corrupción de Herodes…
Con cada historia. nueva crecía la admiración por Jesús. Ese Jesús que no se quedó inmovilizado ante la estructura del mal del mundo, sino que se enfrentó a ella -al príncipe de este mundo, al demonio, a Jerusalén-, y dio la cara ante todo aquéllo que impedía que la gente levantara la cabeza. Jesús luchó hasta el final contra la injusticia que posee y para liberar a los “poseídos” por la injusticia. Aquellas reuniones estaban llenas de historias sobre Jesús.
A las comunidades primitivas no se les escapó tampoco el dato de que la Cena de despedida se celebró la noche en que iban a entregarlo. Lo entregaban todos aquellos hombres e instituciones que estaban en contra del designio de Dios y de la dignidad del hombre. Y fue aquella noche cuando, como testamento, Jesús les dijo intensamente: «Haced lo mismo que yo, sed cuerpo entregado y sangre derramada por amor”.
¡Ya estaba claro! “Haced esto en memoria mía” era hacer lo que él hizo en aquella cena y era, sobre todo, hacer aquellas cosas que él durante su vida había dicho y había hecho Recordaban las palabras que dijo mientras partía y repartía el pan y también aquellas otras:
“Si yendo a presentar tu ofrenda al altar, te acuerdas allí de que tu hermano tiene algo contra ti (más aún si tú tienes algo contra él), deja tu ofrenda ante el altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano; vuelve entonces y presenta tu ofrenda” .
“¡Si comprendieras lo que significa corazón quiero y no sacrificios!”
“Si uno posee bienes de este mundo y, viendo que su hermano pasa necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en el amor de Dios?”
“Hijos, no amemos con palabras y de boquilla, sino con obras y de verdad”.
“En esto os conocerán, en que os queréis los unos a los otros”.
“Porque tuve hambre y me dísteis de comer, tuve sed y me dísteis de beber, fui extranjero y me recogísteis, estuve desnudo y me vestísteis, enfermo y me visitásteis, estuve en la cárcel y fuísteis a verme”.
“Lo que hacéis a uno de éstos, conmigo lo hacéis”.
“Ha llegado la hora que los que den culto a Dios lo harán en espíritu y en verdad”…
Recordaban que el que atiende al que está herido y abandonado en la cuneta, hace lo que Jesús; que el que sale en defensa del desvalido, hace lo que Jesús; que el que ayuda al más pequeño, hace lo que Jesús; que el que da de comer al hambriento, hace lo que Jesús. Fueron descubriendo que Jesús no estaba en el pan, ni en el vino, sino en los que viven junto a cada uno de nosotros. Y que comer el pan y el vino era comprometerse a vivir con los otros como lo hizo Jesús. Descubrieron que Jesús mandó no hacer un rito, celebrar un sacrificio, sino vivir como Él, hacer lo que Él, ser fiel al designio de Dios.
A pesar de contarse tantas historias no todos entendieron qué era “haced esto en memoria mía”. Así los cristianos de Corinto intentaron pasarse de listos y Pablo tuvo que salir al paso de tamaña osadía. A estos cristianos se les ocurrió confundir a Jesús con el fundador de una religión cualquiera y a la reunión de la comunidad con un culto ritual más, y se dijeron con toda la cara del mundo: “Hacemos lo mismo que Jesús, porque repetimos minuciosamente lo que Él hizo en su cena de despedida”. Y celebraron sin vivir lo mismo que Jesús vivió en lo que hizo. Hacían la cena sin amor, sin compartir, sin respeto mutuo, sin cortesía, abochornando a los pobres, sin vivir la comunidad. Pablo, valiente, les escribió enseguida: “Eso que hacéis, aunque os lo parezca, no es la cena del Señor”, no es hacer lo que Él hizo. Se quedaron muy extrañados ante lo que Pablo afirmaba.
Ellos hacían lo mismo que Jesús hizo y dijo en la cena. Pero Pablo insistió: lo que Jesús mandó repetir y Él enseñó a la comunidad no fue un rito, sino un proyecto de vida. Ese estilo de vida que se revela en el gesto de Jesús. Les dijo: ¿de qué sirve vuestra reunión si uno no vive el amor? Si es así: “vuestras reuniones causan más daño que provecho”. Es la hora de que “se examine cada uno» y cada comunidad “antes de comer el pan y de beber la copa”. No sea que nos atrevamos a celebrar la comunión sin vivir en comunión y a hacer lo mismo que Jesús sin vivir en el amor, porque “el que come y bebe sin apreciar el cuerpo, se come y se bebe su propia sentencia”.
No a todos les era posible estar en estos encuentros comunitarios. Por eso, se guardaba un poco del pan que habían comido, y lo llevaban a aquéllos que estaban más lejos, impedidos, en la cárcel, etc., para que así también ellos se sintiesen en comunión con los reunidos y dispuestos a asumir como

“TOMAD, COMED Y VIVID EL AMOR” (FOLLETO DE JESÚS BURGALETA EN ALANDAR). Resumen de Manuel González

Somos Iglesia de Andalucía
tomadcomedCon este título hace ya 10 años Jesús Burgaleta publicó en alandar un folleto que he podido escanear sobre la Eucaristía. En la primera parte nos describe cómo pudo ser la cena de Jesús, y cómo realmente está siendo en nuestros días. En la segunda parte comenta como debió de ser y cómo debieron entenderla las primeras comunidades cristinas. Me he permitido la libertad de quitar algunos párrafos, ya de épocas pasadas, que hoy pudieran resultarnos hirientes, y añadir otros con el fin de actualizar el texto.
1.- UNA CARA DE LA REALIDAD
Aquel atardecer Jerusalén se tiñó de sangre y de sombras. Había caído el sol. Solamente la brisa lejana traía esperanza. Jesús, el hijo de José y de María, lo veía todo muy negro. Albergaba serios temores sobre la seguridad de su vida. Eran demasiados los rumores que corrían sobre él. El cerco se había estrechado. Sus amigos le decían: Cuídate, Jesús, pon a salvo tu vida. En todas las comisarías se habían dado la orden de detenerlo. Por todo ello, hacía ya dos días que Jesús encargó a Mateo que avisara a todos para que acudieran a la celebración de una cena importante. Y así lo hizo.
Poco a poco fueron llegan todos. Eran 12. Los de confianza. La sala de la cena era espaciosa. Reinaba un ambiente acogedor, lleno de pena. Todos tenían miedo y cierta esperanza. Nadie podía quitarse de la cabeza un mal presentimiento.
Uno de los últimos en llegar fue Jesús de Nazaret. Todos se pusieron de pie. Los mandó sentar en torno a la mesa. Antes de comenzar la comida le acercó a Felipe un texto de Isaías, que éste leyó con una cierta entonación solemne. Finalizada la lectura rezaron un Salmo con antífona.
Y Jesús se puso a hablarles de este modo: “Estáis extrañados por lo que hago y tenéis razón. Pero, esta es mi última noche con vosotros y quiero dejaros una liturgia, para que, cuando yo falte, la repitáis de generación en generación. Lo que voy a hacer es un Sacramento, el Sacrificio que ofreceré a Dios por todos vosotros. Os lo digo con toda claridad: voy a morir crucificado en una cruz. Y esta muerte será el sacrificio agradable a Dios para redimiros. Mi sangre derramada será el precio para satisfacer a Dios por todos vuestros pecados.
Esta cena es un gesto profético, anticipativo de lo que va a ocurrir en la cruz. Y lo que vosotros celebraréis será la actualización de los méritos de mi muerte. Cuando celebréis en memoria mía la Misa haréis de nuevo el sacrificio que yo voy a realizar, pero lo haréis de una forma in cruenta. Por medio de él entraréis en comunión con Dios y conmigo mismo”.
Los discípulos se quedaron asombrados. No entendían el comportamiento de Jesús. Era tan extraño. El siguió diciendo: “Como tenéis la obligación de darle culto público a Dios, lo haréis ofreciéndole este «memorial», que desarrollaréis de un modo minucioso y estricto. Lo haréis así: os reuniréis todos los domingos, en conmemoración del día en que yo voy a resucitar. La reunión será obligatoria. Si, en el transcurrir de los tiempos y de las culturas, la cosa se pone mal, ceded un poco y permitid también celebrar misas los sábados por la tarde.
A esta liturgia del Sacramento del Sacrificio le llamaréis Misa. La realizaréis siempre vosotros o aquéllos que vosotros mediante el sacramento del orden iréis con el correr de los tiempos haciendo directos sucesores vuestros. Los llamaréis sacerdotes o presbíteros. Serán siempre varones, no podrán hacer uso del matrimonio, ni tener esposas. Nunca permitiréis la osadía de que las mujeres se acerquen al altar de Dios. Yo soy varón y el principio de la Salvación debe ser representada por varones.
La celebración se hará siempre en templos, lugares sagrados que iréis construyendo por el mundo entero. Estos edificios serán majestuosos, amplios, hechos con arte, misteriosos. Si, además, son inhóspitos e incómodos, no os preocupéis demasiado, porque así se verá mejor lo que realmente son, lugares sagrados. No se podrá en ellos ni hablar, ni reír juntos, ni dialogar, ni fumar, ni comer, ni beber, ni danzar de alegría, ni hacer bromas. Son la Casa de Dios y todo lo de Dios es serio. Debe destacar en ellos de modo especial el lugar destinado a los que presidan la Misa, a los que se les llamará ministros –representantes de Dios-, sacerdotes -personas sagradas-, o presbíteros -los pueden acceder al presbiterio-.
Ningún presbítero podrá hacer uso del matrimonio, ni tener relación alguna con mujeres. Serán célibes de por vida. Deberán vestirse de modo singular para que se visualice la clara distinción con el pueblo, el fiel rebaño al que tenéis la responsabilidad de enseñar todo lo que yo os he mandado, santificarlos con los demás sacramentos que os he encomendado, dirigirlos y gobernarlos como un buen pastor hace con sus ovejas. Vosotros seréis mis representantes y mis intermediarios con el mismo Dios. Lo que vosotros hagáis y lo que vosotros prohibáis o condenéis, quedará definitivamente mandado o prohibido por mí. Haced, además, que vuestra vestimenta distinga las diversas dignidades y grados entre vosotros. Los más honorables se adornarán la cabeza de un modo llamativo, se pondrán anillos, piedras preciosas, zapatillas de raso, sedas y tronos. ¡Sed más grandes que los grandes de la tierra! Dios es el Señor de todos ellos.
El desarrollo de la celebración deberá estar regulado, para que hagáis lo mismo que yo he hecho. Solamente se celebrará con los libros oficiales, realizados por peritos e impuestos a todas las Iglesias que se pueda. Cuando no tengáis más remedio, permitid traducir la liturgia a las lenguas que el pueblo entienda. No se os ocurra celebrar de cualquier manera, ni en cualquier sitio, ni vestidos de calle. Todo ha de ser singular, pues Dios es absolutamente otro y distinto y esta realidad debe ser expresada en vuestras liturgias. Para celebrar el sacrificio que inauguro en esta cena no usaréis pan normal, sino pan sin levadura, en forma de hostias muy delgadas. El pan será de trigo. Del mismo modo, la bebida ordeno que sea vino de uva. Sé que en algunos lugares no habrá viñas y que conseguir el vino será difícil y costoso. No importa; quiero que en la copa se vierta vino y unas gotas de agua. Es un capricho mío.
Estad muy atentos a aquéllos que quieren introducir cambios. De ellos no se puede esperar nada bueno. Si se pusieran tozudos recordadles con vigor que todo es inamovible, que es la ley eclesiástica o de derecho divino. ¡Cuidado con ellos, son la carcoma del edificio!
Procurad que sobre siempre un poco del pan consagrado en el Sacrificio. Lo guardaréis en un sagrario rico y seguro. Y lo pondréis en lugar visible, para darle culto. En el pan y el cáliz eucarísticos estaré yo realmente presente. Esto se realizará mediante la transubstanciación. Porque cuando digáis las palabras mágicas que yo os he encomendado, toda la sustancia del pan y del vino desaparecerán y en su lugar, aunque no lo podáis ver ni analizar, estará la sustancia de mi cuerpo y de mi sangre. Y así yo estaré personalmente en muchos sagrarios siempre entre vosotros para recibir vuestro culto y escuchar vuestras oraciones.
El memorial de mi Sacrificio tendrá un valor infinito, dado que es una repetición incruenta de mi sacrificio en la cruz. En él se actualizarán los méritos de mi muerte. Cada vez que lo ofrezcáis tributaréis a Dios una alabanza infinita, Interpelaréis su misericordia, expiaréis por vuestros pecados e intercederéis por los vivos y los difuntos. Por ello, cuantas más veces lo hagáis, mejor. Tened en cuenta de que el memorial de la Cruz tiene un valor en sí mismo, independientemente de lo que vive el ministro mí que lo ofrezca o el pueblo que asista a su celebración. Si podéis conseguirlo, realizad la celebración en lengua que solamente vosotros la entendáis, hacedlo de espalda al pueblo fiel, usád campanillas, velas, incensarios, cantos propios… Conseguiréis hacer aun más visible el misterio y la santidad de la Misa”.
Acabado el discurso, ante los ojos atónitos de todos, tomó el pan, dándole gracias a Dios; lo partió y lo repartió, diciendo: “Tomad y comed, ésto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros”. Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz y, dándole las gracias a Dios, lo pasó a sus discípulos diciendo: “Tomad y bebed todos, porque este es el cáliz de mi Sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía. Recordad siempre estas palabras, que son las que tenéis que decir siempre que os reunáis en mi nombre para celebrar el santo sacrificio”. Y continuó la cena.
Y desde entonces, en cientos de miles de templos del mundo, vacíos o llenos, con vivencia comunitaria o sin ella, en comunión o en descomunión, reconciliados o enfrentados, luchando. por la justicia o sosteniendo la injusticia del mundo, con conciencia de explotados o de explotadores, como salsa que adorna bodas, concentraciones, fiestas populares, inauguraciones de edificios, etc., se dicen Misas con la pretensión de seguir cumpliendo el mandato de Jesús en su cena de despedida.
2.- LA OTRA CARA DE LA REALIDAD
En el último atardecer de la vida de Jesús, Jerusalén se tiñó de azul. El Nazareno lo tenía todo previsto y se dispuso a celebrar la cena de despedida. Se despedía de la vida. Se sentaron en torno a la mesa unas 25 personas, todos aquellos varones y mujeres que le habían seguido de cerca. En la sala de reunión se respiraba una atmósfera de amor, confianza y tristeza. Y se pusieron a comer juntos. Como en toda comida judía, el pan les dio ocasión a Jesús para bendecir a Dios. Así lo narran las tradiciones: “El Señor Jesús, la noche en que iban a entregarlo, cogió un pan, dio gracias, lo partió y dijo: Esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros. Haced lo mismo en memoria mía”. Comieron todos del pan y compartieron la cena. Hablaron de algunas cosas. Se callaron otras, aquellas que se referían al futuro inmediato de Jesús. Al finalizar la Cena, Jesús tomó su propia copa y se puso a bendecir a Dios por todos los acontecimientos de su vida.
Los discípulos nunca habían escuchado una alabanza como aquella. Y de su misma copa les dio de beber a todos, mientras les decía: “Esta copa es la nueva alianza sellada con mi Sangre; cada vez que bebáis, haced lo mismo en memoria mía”.
Al día siguiente asesinaron a Jesús. Los discípulos se quedaron en blanco. El camino se desdibujó y comenzaron a separarse y a huir. Sin embargo, el Espíritu de Jesús seguía presente, vivo, incitante, ardía en ellos como una llama. Todas las noches amanecía en el corazón de los discípulos una luz llena de vida y amor. Nunca supieron bien cómo fue; pero el recuerdo actuante del mandato “haced esto en memoria mía” los fue reuniendo poco a poco.
Muy pronto comenzaron a hacer lo que tantas veces habían hecho con Jesús: sentarse a comer juntos. No era una novedad, era lo que siempre habían hecho. Se reunían en casas particulares. Alguien, mujer u hombre, preparaba y presidía el encuentro en un plano de igualdad. Nadie podía sentirse más importante o por encima de los demás. En las largas sobremesas el miedo y la esperanza fueron dialogando e intentando comprender aquello que Jesús les dijo en la última cena: “Haced esto en memoria mía.”
“¿Qué hizo Jesús?”, se preguntaban… Hacer el bien, estar atento a las necesidades de los demás, en especial de los que les había tocado pasarlo peor, rebelarse contra los que creaban opresión y ponían cargas pesadas. A esta conclusión llegó Pedro, después de darle muchas vueltas: pasó haciendo el bien, curando a los oprimidos, y predicando un modelo de sociedad alternativa radicalmente distinta a la que estaban viviendo. Encima de la mesa, junto al pan, el vino y demás alimento, tenían escritas aquellas palabras de Jesús: “No he venido a ser servido, sino a servir”.
Recordaban cómo Lucas había narrado el mismo relato de la cena: “Mientras cenaban surgió (entre los discípulos) una disputa sobre cuál de ellos debía ser considerado el más grande. Jesús les dijo: los reyes de las naciones las dominan y los que ejercen el poder se hacen llamar bienhechores. Pero vosotros, nada de eso; al contrario, el más grande de entre vosotros iguálese al más joven, y el que dirige al que sirve. Vamos a ver, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? El que está a la mesa, ¿verdad? Pues yo estoy entre vosotros como quien sirve”.
Los discípulos fueron descubriendo que Jesús, en la cena, celebró lo que había estado viviendo y lo que estaba dispuesto a vivir: su ser entregado. Fueron cayendo en la cuenta de que quien no entraba por la dinámica del servicio al hermano no tenía parte con Él. Las largas noches de las comunidades primitivas fueron el laboratorio de muchas historias sobre Jesús. Se contaban aquellas historias maravillosas en las que Jesús acogía a los marginados, violaba la ley de lo puro y de lo impuro, proclamando la dignidad de la persona por encima de toda prohibición ritual. Recordaban como comía con los leprosos, los paganos, los publícanos, los pecadores, las prostitutas, las adúlteras, los niños, las mujeres. Se contaban el enfrentamiento radical de Jesús con la estructura sacerdotal, con la influencia inmisericorde de los letrados, con el amargo poder de los fariseos y la corrupción de Herodes…
Con cada historia. nueva crecía la admiración por Jesús. Ese Jesús que no se quedó inmovilizado ante la estructura del mal del mundo, sino que se enfrentó a ella -al príncipe de este mundo, al demonio, a Jerusalén-, y dio la cara ante todo aquéllo que impedía que la gente levantara la cabeza. Jesús luchó hasta el final contra la injusticia que posee y para liberar a los “poseídos” por la injusticia. Aquellas reuniones estaban llenas de historias sobre Jesús.
A las comunidades primitivas no se les escapó tampoco el dato de que la Cena de despedida se celebró la noche en que iban a entregarlo. Lo entregaban todos aquellos hombres e instituciones que estaban en contra del designio de Dios y de la dignidad del hombre. Y fue aquella noche cuando, como testamento, Jesús les dijo intensamente: «Haced lo mismo que yo, sed cuerpo entregado y sangre derramada por amor”.
¡Ya estaba claro! “Haced esto en memoria mía” era hacer lo que él hizo en aquella cena y era, sobre todo, hacer aquellas cosas que él durante su vida había dicho y había hecho Recordaban las palabras que dijo mientras partía y repartía el pan y también aquellas otras:
“Si yendo a presentar tu ofrenda al altar, te acuerdas allí de que tu hermano tiene algo contra ti (más aún si tú tienes algo contra él), deja tu ofrenda ante el altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano; vuelve entonces y presenta tu ofrenda” .
“¡Si comprendieras lo que significa corazón quiero y no sacrificios!”
“Si uno posee bienes de este mundo y, viendo que su hermano pasa necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en el amor de Dios?”
“Hijos, no amemos con palabras y de boquilla, sino con obras y de verdad”.
“En esto os conocerán, en que os queréis los unos a los otros”.
“Porque tuve hambre y me dísteis de comer, tuve sed y me dísteis de beber, fui extranjero y me recogísteis, estuve desnudo y me vestísteis, enfermo y me visitásteis, estuve en la cárcel y fuísteis a verme”.
“Lo que hacéis a uno de éstos, conmigo lo hacéis”.
“Ha llegado la hora que los que den culto a Dios lo harán en espíritu y en verdad”…
Recordaban que el que atiende al que está herido y abandonado en la cuneta, hace lo que Jesús; que el que sale en defensa del desvalido, hace lo que Jesús; que el que ayuda al más pequeño, hace lo que Jesús; que el que da de comer al hambriento, hace lo que Jesús. Fueron descubriendo que Jesús no estaba en el pan, ni en el vino, sino en los que viven junto a cada uno de nosotros. Y que comer el pan y el vino era comprometerse a vivir con los otros como lo hizo Jesús. Descubrieron que Jesús mandó no hacer un rito, celebrar un sacrificio, sino vivir como Él, hacer lo que Él, ser fiel al designio de Dios.
A pesar de contarse tantas historias no todos entendieron qué era “haced esto en memoria mía”. Así los cristianos de Corinto intentaron pasarse de listos y Pablo tuvo que salir al paso de tamaña osadía. A estos cristianos se les ocurrió confundir a Jesús con el fundador de una religión cualquiera y a la reunión de la comunidad con un culto ritual más, y se dijeron con toda la cara del mundo: “Hacemos lo mismo que Jesús, porque repetimos minuciosamente lo que Él hizo en su cena de despedida”. Y celebraron sin vivir lo mismo que Jesús vivió en lo que hizo. Hacían la cena sin amor, sin compartir, sin respeto mutuo, sin cortesía, abochornando a los pobres, sin vivir la comunidad. Pablo, valiente, les escribió enseguida: “Eso que hacéis, aunque os lo parezca, no es la cena del Señor”, no es hacer lo que Él hizo. Se quedaron muy extrañados ante lo que Pablo afirmaba.
Ellos hacían lo mismo que Jesús hizo y dijo en la cena. Pero Pablo insistió: lo que Jesús mandó repetir y Él enseñó a la comunidad no fue un rito, sino un proyecto de vida. Ese estilo de vida que se revela en el gesto de Jesús. Les dijo: ¿de qué sirve vuestra reunión si uno no vive el amor? Si es así: “vuestras reuniones causan más daño que provecho”. Es la hora de que “se examine cada uno» y cada comunidad “antes de comer el pan y de beber la copa”. No sea que nos atrevamos a celebrar la comunión sin vivir en comunión y a hacer lo mismo que Jesús sin vivir en el amor, porque “el que come y bebe sin apreciar el cuerpo, se come y se bebe su propia sentencia”.
No a todos les era posible estar en estos encuentros comunitarios. Por eso, se guardaba un poco del pan que habían comido, y lo llevaban a aquéllos que estaban más lejos, impedidos, en la cárcel, etc., para que así también ellos se sintiesen en comunión con los reunidos y dispuestos a asumir como ellos ese “haced esto en memoria mía”, que no era otra cosas que asumir el mismo proyecto de vida que Jesús con los símbolos del pan y vino que en su última comida tenida con ellos, con sus palabras y con su vida, les había dejado.
A estos primeros cristianos les llamaban ateos. Porque no tenían templos, no tenían sacerdotes y no tenían cultos como las demás religiones.
En nuestros días estamos asistiendo, guste o no, a la multiplicación por el mundo entero de pequeños grupos que, liberados de normas, leyes y cánones, han puesto su mirada en el Jesús que se nos presenta en los Evangelios, y que celebran la Eucaristía como creen se hacía en los primeros tiempos, con el convencimientos de que es la comunidad, los reunidos en nombre de Jesús, y no el ministro ordenado, quien celebra la Eucaristía. Dejemos actuar al Espíritu.
ellos ese “haced esto en memoria mía”, que no era otra cosas que asumir el mismo proyecto de vida que Jesús con los símbolos del pan y vino que en su última comida tenida con ellos, con sus palabras y con su vida, les había dejado.

A estos primeros cristianos les llamaban ateos. Porque no tenían templos, no tenían sacerdotes y no tenían cultos como las demás religiones.
En nuestros días estamos asistiendo, guste o no, a la multiplicación por el mundo entero de pequeños grupos que, liberados de normas, leyes y cánones, han puesto su mirada en el Jesús que se nos presenta en los Evangelios, y que celebran la Eucaristía como creen se hacía en los primeros tiempos, con el convencimientos de que es la comunidad, los reunidos en nombre de Jesús, y no el ministro ordenado, quien celebra la Eucaristía. Dejemos actuar al Espíritu.

LA IGLESIA DEBE FRENAR LA CTUAL TENDENCIA CONSUMISTA DE LAS PRIMERAS COMUNIONES

Santiago Macías

21RS
Primeras comuniones.jpgHace unos años, el responsable de una parroquia ponferradina decidió que, a la hora de realizar la primera comunión, niños y niñas deberían llevar como único uniforme una túnica; pensó quizá que si se trataba de un acto religioso no era necesario que los pequeños tuvieran que ser ataviados con atuendos que en la mayoría de los casos suelen ser tan ostentosos como innecesarios.
Pero la decisión provocó que la mayoría de los padres montasen en cólera. No estaban dispuestos a perder la primera oportunidad de demostrar públicamente que el nivel de sus hijos estaba muy por encima del resto; actitudes como éstas contribuyen a agravar la desigualdad, uno de los peores problemas para la infancia, pero que algunos padres están dispuestos a inculcar a sus hijos desde una edad muy temprana, sin pensar que tienen toda una vida por delante para experimentarla en sus propias carnes.
Aquella medida no se ha repetido con asiduidad y la tendencia al consumismo salvaje se extiende incluso dentro de una institución cuyo mensaje debería ser justamente el contrario. Pero la tendencia a la baja no permite andar con exigencias y algunos, incluso, pretenden hacer su particular «agosto» en mayo, imponiendo condiciones que se alejan de las posibilidades de algunos padres y de la propia doctrina cristiana.
Hace unos días, la Confederación Española de Consumidores y Usuarios (Cecu) hacía público un informe que determinaba que el gasto para las familias españolas que vayan a celebrar una comunión subirá este año un 4% respecto al pasado. El desembolso medio será de 3.500 euros para las chicas y de 3.200 en el caso de los chicos, incluidos gastos de banquete, vestidos, peluquería, recordatorios e incluso alguna que otra tarifa adicional.
Pero otros datos vienen a demostrar que el incremento en la factura del convite es, sin embargo, inversamente proporcional al aumento de fieles, y todo ello a pesar de que se trata de niños y niñas que apenas llegan a los 10 años de edad y que entienden la celebración como el camino más corto para conseguir por fin la ansiada consola de juegos, el teléfono móvil o la casita de muñecas.
Por eso, no estaría de más que la Iglesia dejara de justificar alguno de los males que padece en la actitud de los demás y se centrara, por ejemplo, en poner freno a esa tendencia, localizando y atajando uno más de los problemas que contribuyen a una merma considerable de sus filas en los últimos años, al menos en lo que respecta a España. Todo ello, a pesar de que la mayor parte de los ritos ineludibles en la vida de un cristiano como el bautizo o la primera comunión se llevan a cabo antes de que el individuo haya alcanzado una mayoría de edad que le permitiría elegir libremente sus creencias.
Si tienen un caso similar en la familia y no se creen lo que digo, hagan una prueba: diríjanse al centro comercial más cercano con la visa en una mano y el chaval en la otra y den rienda suelta a sus pretensiones. Ahorrarán tiempo y dinero, y podrán comprobar cómo la fe desaparecerá en cuestión de segundos. Se lo aseguro.
Santiago Macías